Mundo

El futuro del poder en Cuba, en vilo por la salud de Raúl Castro: “Se abre un período de inestabilidad”

Juan Antonio Blanco, experto en temas cubanos, advirtió que la falta de información oficial busca dar tiempo al régimen para preparar sus mecanismos de seguridad, y anticipó una etapa de inestabilidad si el histórico dictador pierde su capacidad de arbitrar disputas internas.

¿Qué pasa en Cuba cuando la figura que sostiene el equilibrio interno del poder deja de estar en condiciones de ejercerlo? Esa es la pregunta de fondo detrás de las versiones contradictorias sobre la salud del dictador Raúl Castro, que el historiador Juan Antonio Blanco intentó responder en una entrevista con el Diario Las Américas.

Para Blanco, más allá de si Castro está grave, estable o ya recuperado —algo que ninguna fuente oficial cubana confirmó hasta ahora, ni siquiera con su reaparición pública del sábado en un acto—, lo que definirá el rumbo del país es cómo reaccionen los mandos militares el día en que el histórico dirigente ya no pueda “impartir órdenes ni arbitrar las diferencias dentro del sistema”.

Por qué La Habana calla

El silencio del régimen, según el analista, responde a “la necesidad de preparar los dispositivos de seguridad antes de comunicar cualquier desenlace”.

Los gobiernos autoritarios, explicó, suelen demorar este tipo de anuncios hasta cubrir dos frentes: primero, el interno, desplegando esos dispositivos y garantizando que las fuerzas militares y policiales puedan responder ante cualquier reacción social; y después, calculando el impacto internacional de la noticia. “Nosotros siempre nos enteramos cuando muere un dictador, en el momento que ellos deciden anunciarlo”, sostuvo, y puso como ejemplo el manejo informativo que rodeó la muerte del expresidente venezolano Hugo Chávez.

El propio Blanco pidió cautela periodística: la falta de un comunicado oficial no prueba que Castro haya muerto, pero tampoco permite descartar que su salud se haya agravado, y una aparición pública puntual, como la del sábado, tampoco despeja esa incógnita.

Su recomendación fue seguir de cerca, más que los rumores, las señales indirectas: restricciones de pases para militares, concentración de tropas, movilizaciones extraordinarias de las Fuerzas Armadas o del Ministerio del Interior, activación de grupos de respuesta rápida, u oficinas iluminadas a horas inusuales cerca de la Plaza de la Revolución. Ese tipo de movimientos, dijo, anticiparían un anuncio importante, aunque no alcanzarían por sí solos para confirmar el estado real del exgobernante.

Por qué Raúl Castro sigue siendo la última palabra

Aunque no ocupa la presidencia ni la secretaría del Partido Comunista desde hace años, Blanco insistió en que Castro conserva el mayor peso real dentro de la jerarquía cubana: en los momentos decisivos, dijo, la dirigencia sigue recurriendo a él para respaldar sus decisiones.

“Lo demás es pura cosmética”, resumió. Esa lectura explica, según el analista, por qué Miguel Díaz-Canel —a quien calificó sin rodeos de “un monigote”— no necesariamente heredaría la misma autoridad si Castro deja de estar en condiciones de ejercerla.

Un vacío de poder sin sucesor claro

Blanco descartó que la obediencia que hoy se le tiene a Castro se traslade automáticamente a algún familiar. Mencionó específicamente a su hijo, Alejandro Castro Espín, y a su nieto, Raúl Guillermo Rodríguez Castro —conocido como “El Cangrejo” y jefe de su escolta personal—, y fue categórico: “Muy difícilmente la jerarquía militar admita a Alejandro o a ‘El Cangrejo’ como sucesor legítimo”. Otros dirigentes históricos, como José Ramón Machado Ventura, tampoco están en condiciones, por edad, de sostener un liderazgo prolongado.

Ese escenario, advirtió, dejaría enfrentados tres actores: la institucionalidad que encabeza Díaz-Canel, los intereses de la familia Castro y las distintas facciones dentro de las fuerzas armadas. “Lo que sí presiento es que se abre al interior de la cúpula un período de inestabilidad e ingobernabilidad interna”, dijo el analista.

Esa tensión, sugirió, podría abrir espacio para que algún sector de poder negocie un cambio más profundo del sistema. Pero Blanco fue claro en un punto: una fractura dentro del régimen no equivale automáticamente al inicio de una transición democrática. El desenlace, dijo, dependerá de la reacción de la sociedad civil, de los grupos internos y de la presión internacional.

Infobae

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba